Razón de ser

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jueves, 22 de enero de 2015

Faltar al respeto

Hay muchas formas de faltar al respeto a los votantes. Incumplir el programa electoral es un ejemplo de manual. Incumplirlo como el PP desde el día uno afirmando que han descubierto que las cosas no eran como creían cuando gobernaban en casi todas las CC.AA. es más que faltar al respeto. Es burlarse. En esa línea entre la falta de respeto y la burla está lo de mantener imputados en las listas o en las mismas instituciones. O, como viene haciendo ahora sistemáticamente el PP y el PSOE hasta hace dos días, oponerse a eliminar los privilegios de la clase política como el aforamiento y prebendas similares también es faltar al respeto a los votantes. Con esos privilegios se nos dice “nosotros somos mejores, estamos por encima, y por eso tenemos estos derechos que vosotros no tenéis”.

Una forma sutil de faltar al respeto a los votantes, en mi opinión, es abandonar el cargo para el que ha sido uno elegido a los cuatro días sin una razón justificada. En Andalucía hay una tradición ya de Presidentes de la Junta que lo son sin presentarse a las elecciones. Griñán lo fue en relevo de Cháves y Díaz lo es en relevo de Griñán.
Javier Pagola. Fuente: La Rioja

 O aquí en La Rioja, por ejemplo, tenemos un alcalde del Calahorra que no era el cabeza de lista. O en Madrid el ejemplo famoso de Aguirre que se largó para cuidar a sus nietos pero que deben haber crecido deprisa por las ganas que tiene de volver. O el ilustre ex-fiscal Villarejo que iba en las listas de Podemos y abandonó el cargo a los cinco minutos, casi sin llegar a tomar posesión.

Todos estos casos, y muchos más, tienen el mismo aspecto en común: son renuncias al puesto para el que te has presentado prometiendo a los votantes cuatro (o cinco) años de trabajo y de compromiso cuando no pensabas cumplirlo. Una cosa es una renuncia por enfermedad (tuya o de un familiar) o, al final de una legislatura, por presentarte a otro cargo. Pero estos casos son de gente que ha usado su nombre y su rostro para conseguir un escaño que luego ha cedido gustoso a otro miembro de su partido que, quizá, no hubiera obtenido el mismo respaldo de los votantes. Porque, ¿hubiera el PP obtenido el mismo resultado en Madrid con Ignacio Martínez que el que obtuvo con Esperanza Aguirre? Lo dudo. Y apunten otro que amenaza con hacer lo mismo en poco tiempo, el ubicuo Pablo Iglesias salvador de la patria y mesías de la democracia. Es evidente que Podemos sacó el resultado que sacó en Europa por figurar él en el número uno. Pero este señor, lo sabemos todos, tiene pensado presentarse a finales de este año a la presidencia del Gobierno. Poco después de un año en su puesto europeo de los cinco a los que se comprometió. Es decir, en un año, de los cinco eurodiputados que eligieron los votantes de Podemos, se habrá cambiado al 40 %. Sé que a sus votantes, de momento poco críticos, les dará igual. Pero a mi me parece faltar al respeto a los votantes. ¿Cómo se puede confiar en alguien que ni siquiera cumple ese tipo de compromiso? Que no se le ha mandado cinco años a Afganistán a combatir Talibanes, son cinco años en Bruselas. Que es una ciudad cara pero tiene un chocolate y una cerveza de primera.

Hay un último ejemplo que vamos a vivir este año un par de veces. Parece que en Andalucía, como en Cataluña, vamos a tener elecciones anticipadas. Viva la democracia. Porque la democracia es votar, ¿no? Sí, desde luego. Pero también es cumplir con los compromisos. Yo no estoy a favor ni en contra de las democracias plebiscitarias. Pero esta no lo es. Aquí se elije a nuestros gobernantes para que trabajen cada cuatro años. Adelantar unas elecciones es un derecho que tienen, pero por razones justificadas. No por intereses electorales. Que es lo que sucede aquí.

Desde que tengo uso de razón aquellos que pueden elegir las fechas de las elecciones lo hacen por cálculo electoral. Recordemos a Zapatero y su 20N que quería ser simbólico y no sirvió para nada. O Cascos y su arrebato en Asturias que le borró del mapa. O el “muy honorable” (pongan todas las comillas que quieran) en Cataluña con su arrebato tras la Diada de hace un par de años, el guarrazo que se metió y el que se va a meter ahora otra vez porque Podemos va a canalizar el voto del cabreo que canalizaba ERC.
Susana Díaz. Fuente: @susanadiaz
Y ahora la presidenta andaluza que no sabe como dar el paso a la Secretaría General de su partido, mordiéndose las uñas y, con unos presupuestos aprobados, queriendo ganar unas elecciones adelantadas para pillar al PP con un “líder” que no se puede llamar así y a Podemos aún tratando de desembarcar. Es decir, gobernando una de las regiones con más paro y atraso de toda España, con casos gravísimos de corrupción (convenientemente tapados por IU para poder pisar moqueta), con una necesidad de sentido de estado y coherencia que se va a ver abocada al derroche de unas nuevas elecciones anticipadas. Todo para que la señora Díaz pueda ganar sus elecciones legitimadoras y, fiel a la tradición, abandone la presciencia de Andalucía buscando torres más altas que conquistar. Total, ya es una tradición en Andalucía que sus presidentes se vayan apenas comenzado el mandato.

En fin. Tendrá que ser así. Por más que yo no lo comprenda lo cierto es que los ciudadanos no condenan este tipo de actitudes. Quizá el día que exijamos a nuestros gobernantes que agoten sus mandatos pese a las adversidades (¿imaginan a Obama adelantando las elecciones por que el Congreso está dominado por los republicanos?) y que no jueguen con nosotros será el día en el que comencemos a madurar como sociedad.

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